Creo que ya os hablé de la novia de Londa.

Se llamaba Merche, y era una especie de profesora de gimnasia. De todo un poco, desde artes marciales hasta Yoga. Tenía un cuerpo maravilloso. Fibrado, cuidado con esmero. Mimado. Recuerdo haber leído hace poco algo así como que se puede distinguir a los niños que han sido criados con leche de los que han sido criados con leche y miel. Metafóricamente, la miel sería el cariño. Es decir, además de exigirles y de darles lo esencial, hay que saber mimarlos, darles amor. Y con los cuerpos pasa lo mismo. La gente de los gimnasios se machaca, es exigente. La mayoría de las veces demasiado, por cierto. Pero después no sabe darle también cariño a sus cuerpos. Compensarlos por la exigencia, digamos.

El de Merche era como de nadadora de fondo, pero con los hombros muy anchos. Y resultaba fascinante mirarla mientras se movía, porque era como un animal muy bien adaptado a su medio. Como un gato, consciente siempre de su centro de gravedad. Pero emanaba una sensación de fuerza, no necesitaba ser sigilosa. Era más como un leopardo, o algo así. Tenía menos conflictos internos que la mayoría, y en consecuencia apenas manifestaba tensiones musculares. Se reía mucho y lo hacía de forma honesta, con el corazón. Y además era más bien menuda y de cara aniñada, muy mona. Daban ganas de abrazarla, de entrada.

El caso es que Merche apareció una noche en casa con una maleta. La pobre lloraba de la misma forma que solía reírse, desde el fondo del corazón. Hasta a mí se me escaparon unas lagrimillas. Merche tenía un hijo con su ex, y el ex había conseguido la custodia del crío porque su padre era juez, o algo así. Y la puteaba mucho con el niño. El tío la odiaba a fondo. El clásico capullo cobarde y rencoroso. En fin, Merche vino a quedarse unos días porque estaba superada por el dolor.

A mí, al principio, Merche no me caía bien. Londa estaba siempre muy pendiente de ella, y yo estaba celoso, claro. Pero la verdad es que no tardé en quererla mucho. Merche era una maravilla de persona, enseguida entendí que Londa estuviera tan enamorado. De entrada era muy inteligente y muy sensible. Había leído mucho, y además había extraído conclusiones muy interesantes de todo lo que había leído. Y lo más importante es que las aplicaba a su vida de forma consecuente, y eso lo hace muy poca gente.

Lo que más me impresionaba de ella, sin embargo, era su condescendencia respecto al resto de los seres humanos. Y es que en el fondo, nosotros también vivimos en un ecosistema. La verdad es que no hace tanto que estamos en la cúspide de la pirámide alimenticia. La civilización es un concepto bastante reciente, de hecho. Y frágil. Todavía no se ha asentado. Es posible que dentro de muchos siglos lleguemos a perfeccionar el invento, pero podríamos decir que aún se encuentra en un estado muy rudimentario. Llevamos millones de años evolucionando, pero la civilización propiamente dicha apenas tiene 10 ó 15 mil. Al fin y al cabo, no hace ni un siglo que las mujeres pueden votar, por poner un ejemplo. Y ejemplos como ése los hay a miles, no hace falta mencionarlos. Y algunos, bien lo sabéis, son terribles. Para qué vamos a entrar en detalles. Yo diría que nos queda mucho recorrido antes de poder afirmar que estamos realmente civilizados.

Y lo que pasa es que mucha gente se aprovecha de las carencias de la civilización, por decirlo así. Dicen que en el momento en que un grupo de personas se organizan de forma civilizada y van de buena fe aparecen de inmediato los individuos que se aprovechan en su propio beneficio. Dicho de otra manera, que hay mucha, mucha gente hija de puta que carece de empatía por sus semejantes. Y lo peor de todo es que se creen listos. Creen que eso es ser listo, aprovecharse de la gente que va de buena fe.

Por ejemplo; la gente dice que «hemos» creado el arte, o que «hemos» llegado a la luna. pero la mayoría de los que dicen eso para creerse superiores al resto de los seres vivos no sabrían exponer las razones por las que un avión se mantiene en el aire. Ni uno propulsado por hélices ni uno a reacción, que son temas muy distintos. Ni siquiera  sabrían escribir con números un millón cien mil uno con una centésima. El 90% de la población es incapaz de hacerlo. Pero aún y así se creen superiores a un chimpancé.

Y eso, que haya tanto imbécil, a la mayoría nos asusta y nos cabrea mucho, como es lógico. Sobre todo nos asusta, porque la gente cabrona e imbécil es la que hace que el mundo sea peligroso. Y como dijo Yoda, el maestro Jedi de Luke Skywalker, el miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, y el odio lleva al sufrimiento. Y de repente, te encuentras en el puto lado oscuro. Contaminado. Te convierten en uno de ellos. Y lo digo en serio. Esa película es una metáfora tremenda.

Pero Merche no se contaminaba. Siempre decía que la mayoría de las personas malas lo son porque han sufrido, o han tenido malos referentes, o no les amaron en una época en que necesitamos que nos amen, cuando somos muy pequeños. Y que mucha gente que se considera buena sería igual de hija de puta si las cosas se pusieran feas y tuvieran que luchar para sobrevivir. Pero sobre todo insistía en lo del miedo y el odio. Alguien dijo que guardar rencor es tan absurdo como beber veneno cada día con la esperanza de el veneno perjudique a la persona que nos hizo daño.

También decía, no obstante, que a veces es imposible. Hay gente cuyo dolor es tan intenso que no puede evitar sentirse resentida con la vida. Deben vivir con eso, y hay que ser muy valiente para hacerlo. Es muy difícil, claro, pero es bueno intentarlo. Hay un cuento oriental que dice algo así como que la luz y la oscuridad son como dos tigres luchando en lo más hondo de nuestro corazón, y que siempre acaba venciendo aquel al que nosotros alimentemos. En fin.

Merche se pasaba el día haciendo yoga. Afirmaba que eso la mantenía a salvo, en contacto muy directo con su alma y con sus emociones. Decía que lo peor que puede hacer una persona es entrar en conflicto con aquello que siente a nivel más íntimo. Sus miedos y deseos inconfesables. Merche, por ejemplo, deseaba con toda su alma arrancarle la tráquea a su ex de un tirón. Y sabía cómo hacerlo. Un día me enseñó a matar a alguien así con un maniquí que tenía para las clases de defensa personal. La tráquea es muy delicada, se mantiene en su posición gracias a una serie de anillos de cartílago muy frágiles. Eso lo sabía el personaje interpretado por Tracy en «Conspiración de silencio». El golpe de manco.


Bueno, el caso es que ella no rehuía esos deseos, ni tampoco el terror que le producía que su ex pusiera al crío en contra de ella. No sólo estaba en contacto, es que perseguía a sus miedos. Los perseguía para mirarlos a la cara. Como cuando un imbécil intenta acojonarte. Míralo a los ojos, ve tú a por él, acorrálalo. Que te explique su vida, y luego le abrazas. En muchas ocasiones acabaréis siendo amigos. En fin.

Lo malo era que en muchas ocasiones Merche se ponía a hacer yoga completamente desnuda. Según ella, era lo lógico. Solía hacerlo en la terraza, de noche. A la luz de la luna. Ella no sabía que la ventana de mi habitación daba a la terraza.Y bueno, ya os podéis imaginar que ahí empezaron los problemas.

La semana que viene empezaré a contaros lo que pasó, porque Merche llegó a ser una de las personas que más importancia han tenido en mi vida.

Merche

Receta

Si os gusta el queso probad esto: 

Cuando vayáis a hacer un huevo frito o una tortilla cortad una porción muy fina de queso manchego y ponedla en el aceite que vais a usar hasta que se deshaga un poco (con el fuego muy bajito). Y luego echáis el huevo (batido o entero) y ya subís el fuego como siempre.

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