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¿Qué le sucedió a Stephen Curry hace justo un año?

Al mirarse en el espejo no vio al chico risueño que estaba acostumbrado a ver. Curry venía de ganar el MVP de la temporada regular y el anillo de campeón, pero sus rivales y muchos aficionados decían que había sido por casualidad.

Si no se vio a sí mismo en el fondo del espejo, ¿qué es lo que Curry vio?

Una silueta oscura que le retaba a volver a ser el mejor.

¿Estaba preparado para ello?

Curry volvió a ser MVP de manera unánime. Los Warriors fueron 73 veces los mejores a lo largo de la temporada, más que nadie en toda la historia de la NBA. Y a trompicones también lo iban siendo durante los play-off. Pero la tentación del fracaso es demasiado pesada y a veces unos pocos gestos sirven para definir el irremediable destino: una torcedura de rodilla del propio Curry, un manotazo de Draymond Green en las partes bajas de LeBron, la muñeca desatada de Kyrie Irving, aquel tapón de James sobre Iguodala.

¿De qué les sirvió a Curry y a sus Warriors batir el récord de 72 victorias de los Bulls si al final acabaron perdiendo el partido decisivo?

Para fichar a Kevin Durant.

¿Estás seguro?

Sí. El ex alero de los Thunder declaró textualmente, aunque en lengua inglesa que aquí traducimos: “Tan pronto como los Warriors perdieron, la posibilidad de fichar por ellos se hizo más y más real. Supongo que puede decirse que me alegro de que perdieran.”

¿Podemos inferir, a raíz de estas palabras, que Durant es un loser?

No y sí. No, en tanto que se alegró de una derrota ajena, y sí, porque denota una fascinación por la figura del derrotado, además de juntarse al equipo que le venció en la pasada final de la conferencia oeste, que fue a su vez el equipo al que venció LeBron, quien a su vez derrotó a Durant en la única ocasión en que este alcanzó las finales de la NBA, en 2012.

¿Es habitual en la NBA el deseo de perder?

No es solo habitual, sino que es un sentimiento en constante evolución. Hace años era algo puntual y contracultural. Ahora ese deseo se está expandiendo bajo la denominación de tanking.

¿En qué consiste el susodicho tanking?

En perder el mayor número de partidos posibles para así tener más opciones de elegir primero en el draft del siguiente ejercicio y llevarse a la mejor promesa baloncestística del planeta. Inicialmente, este proceso se disimulaba al máximo y ese deseo soterrado de perder no salía a la luz. Pero con el paso del tiempo se fue vislumbrando con claridad la motivación de los equipos que realizan esta práctica. En 1997, por ejemplo, la mayor estrella universitaria era Tim Duncan. En la temporada 1996/97, quedar el último de la competición significaba tener mayores opciones de elegir a Duncan. Y varios equipos pusieron su empeño en perder noche tras noche, incluido el equipo más histórico de todos, los Boston Celtics.

¿Consiguieron finalmente los Celtics su objetivo de hacerse con Duncan?

Como es sabido, no lo lograron a pesar de los esfuerzos realizados al perder 67 partidos, la peor marca de su historia. En un partido contra Sacramento Kings, el base céltico David Wesley encestó un triple sobre la bocina del final del segundo cuarto. Su entrenador, M.L. Carr, lo celebró con la efusividad que le caracterizaba. Pero el público no parecía contento. Cuando se dirigía a los vestuarios un reportero le recordó que se suponía que debían perder los partidos, a lo que Carr, apesadumbrado, respondió que lo había olvidado. El partido, como no podía ser de otra forma, lo acabaron perdiendo los Celtics y la afición del Fleet Center se fue satisfecha para casa con una nueva derrota.

¿Quién seleccionó finalmente a Tim Duncan?

Los San Antonio Spurs, del entonces joven zorro Gregg Popovich, quien aprovechando una grave lesión de su estrella David Robinson, optó por entregar las riendas del equipo al decadente Dominique Wilkins, que condujo a su equipo a 62 derrotas.

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¿Cuáles fueron las trayectorias respectivas de los San Antonio Spurs y los Boston Celtics en los veinte años que han pasado desde la elección de Duncan hasta su retirada hace escasos meses?

Respectivamente, los Spurs han ganado cinco anillos y llevan veinte años entrando en play-off; mientras que los Celtics continuaron algunos años más sumidos en la mediocridad hasta que, después de otra temporada perdedora, consiguieron juntar a Paul Pierce, Kevin Garnett y Ray Allen para lograr el único título en los últimos treinta años.

¿Qué lecciones podemos extraer de estos hechos?

En el caso de San Antonio, que es positivo sacrificar el ignominioso presente para tener un futuro mejor. En el caso de Boston, que aunque sacrifiques el ignominioso presente nadie te garantiza un mejor porvenir y que tal vez lo más adecuado, en su caso, sea rememorar una y otra vez los tiempos de Bill Russell o Larry Bird. De una u otra forma, queda claro que lo único que se debe hacer es maldecir con todas las fuerzas el viejo precepto del carpe diem.

¿Quién es el máximo exponente del tanking en la actualidad?

Sin duda, los Philadephia 76ers.

¿Qué han hecho para ser merecedores de ello?

En 2012, tras llegar a semifinales de conferencia, se deshicieron de su estrella, Andre Iguodala, para adquirir al pívot Andrew Bynum, que se lesionó sin llegar a debutar nunca con el equipo. El general manager del equipo, Tony DiLeo, fue sustituido por Sam Hinkie, que consolidó la tradición de contratar jugadores lesionados, eso sí, seleccionándolos vía draft. Así, en 2013 intercambió a su base titular, Jrue Holiday, por el rookie Nerlens Noel, que se había destrozado la pierna meses antes disputando un partido de la liga universitaria. Noel estuvo un año sin jugar. En 2014, seleccionó al camerunés Joel Embiid, emérito ligón de celebrities en twitter y que lleva dos años lesionado a la espera de poder debutar. Ya fuera del club, el fantasma de Hinkie sigue rondando por la ciudad del amor fraternal y el nº1 del draft de este año, Ben Simmons, también se ha lesionado y todo apunta a que será baja para el resto de temporada. La querencia por la derrota parece haberse instalado en Philadelphia como una extraña forma de vida, como la sangre que corre por sus venas o como una muestra de folklore local.

¿En quién confió Hinkie para dirigir al equipo?

En Brett Brown, ex seleccionador australiano y ex asistente de Popovich en los Spurs. Con Brown al frente los 76ers han ido aumentando cada año el número de derrotas: 63 la primera temporada, 64 la segunda y 72 la pasada. Es el entrenador con más de cien partidos dirigidos con peor porcentaje de victorias en la historia de la NBA: 19,1 por ciento.

¿Cuál fue una de las últimas decisiones que tomó Hinkie, antes de ser despedido, a la vista de los resultados contraídos?

Renovar a Brown hasta 2019 para premiar su labor, bajo el mandato siempre infravalorado del pierde más, pierde mejor. Con esa confianza depositada, el año pasado el equipo realizó una temporada casi inversa a la de Golden State Warriors: 73-9 para unos; 10-72 para los otros.

¿Qué hubiera sucedido si los 76ers llegan a perder un partido más la temporada pasada?

Que hubieran igualado el récord histórico que logró la plantilla de la temporada 1972/73: 9 victorias y 73 derrotas.

¿Cómo es recordado hoy aquel equipo?

Probablemente, como el peor equipo de la historia de la NBA. Es cierto que los Charlotte Bobcats de la temporada 2011/12 solo ganaron siete encuentros (de 66, en un curso reducido por el lockout) y que porcentualmente son peores que aquellos Sixers, pero las crónicas de la época hablan de ellos como un despropósito de equipo.

¿Quién era el entrenador de aquel equipo?

Roy Rubin, que aguantó poca más de media temporada con un récord de 4-47, apenas un 7,8% de victorias.

¿Cómo fue contratado Rubin para el cargo?

La plantilla del año anterior de los Sixers estaba en descomposición. El base Archie Clark había sido traspasado a Baltimore y la principal estrella del equipo, Billy Cunningham, se marchó a la ABA donde fue elegido MVP de la competición. Los dirigentes de los 76ers no encontraban a nadie que los quisiera entrenar y, desesperados, recurrieron a un elocuente anuncio en varios periódicos locales: Coach Wanted. Rubin, entrenador durante una década de la Universidad de Long Island, fue el único en responder y, sin otra alternativa, se quedó con el puesto.

¿Qué jugadores destacaban en aquella plantilla?

Estaba Hal Greer, una leyenda crepuscular al que Rubin apenas utilizó. Estaba Fred Carter, anotador compulsivo durante los encuentros y fumador aún más compulsivo en los vestuarios. Carter opinaba así sobre su entrenador: “El tío era un chiste. Ni siquiera conocía las reglas del baloncesto profesional”. Estaba Tom Van Arsdale, quien tiene el honor de ser el jugador con más partidos disputados y más puntos anotados sin haber alcanzado jamás los play-off. Estaba Kevin Loughery, que se convertiría en el sustituto de Rubin cuando este fue cesado para ejercer como jugador-entrenador en la parte final de la temporada. Y estaba el infame John Q. Trapp, un tipo violento criado en Detroit. En una ocasión no quiso saltar al campo para sustituir a su compañero Loughery, que se había lesionado. En el descanso Rubin le dijo que no volvería a jugar más en el equipo. Trapp se quedó mirándolo en silencio… mientras bebía una copa de bourbon. En otra ocasión, durante un partido en su ciudad natal contra los Pistons, amigos y familiares de Trapp se sentaron detrás del banquillo de los 76ers. En un tiempo muerto el entrenador Rubin quiso sustituirlo. Entonces Trapp le señaló en la grada a un tipo que apartó a un lado su abrigo para mostrar una pistola. Rubin deshizo el cambio y Trapp continuó jugando el resto del encuentro.

¿Serán los actuales 76ers capaces de superar a aquel equipo?

No es tan fácil porque, además de fichar al Chacho Rodríguez, tienen una severa competencia en la parte baja de la clasificación.

¿Qué equipos le pueden discutir a Philadelphia el liderato negativo de la liga?

En orden descendente, Los Angeles Clippers por tradición. Los Phoenix Suns, por estar entrenados por Earl Watson. Los Angeles Lakers, que han cambiado a un chaval llamado Kobe Bryant, que en el último partido de la pasada campaña fue capaz de anotar 60 puntos, por un veinteañero llamado Brandon Ingram. Y los Brooklyn Nets de la doble L (López y Lin) y que cuentan con la incorporación del atribulado Luis Scola, quien anda preocupado por el elevado precio de los alquileres en la Gran Manzana.

Volviendo al inicio, ¿se ha vuelto a mirar Stephen Curry en un espejo?

Sin duda.

¿Qué ha visto en él?

Recientemente, el espejo no le ha devuelto imagen alguna, lo que le ha causado una profunda inquietud y se dice que Curry anda buscándose a sí mismo.

¿Se sabe algo de la silueta oscura que se le aparecía hace un año?

No con exactitud, pero LeBron James ha declarado textualmente hace unas semanas, en lengua inglesa que aquí traducimos: “Mi motivación es el fantasma que estoy persiguiendo. Ese fantasma jugó en Chicago.” Que ambos fenómenos estén relacionados es algo que solo el tiempo o Dios dirán.

Hablando de Dios, ¿es más perdedor quien más veces pierde o quien pierde el partido final?

Quien pierde el último, pierde mejor.

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