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No cabía ninguna duda de que uno de los cabezas de cartel como era Damien Rice no defraudaría en su paso por el Primavera Sound. Anochecía a las ocho de la tarde en la ciudad condal con una ligera brisa marina que ponía en situación al irlandés. Éste en presencia unánime, acompañado de su mágico instrumento de cuerda –una guitarra que vale tanto como una banda al completo– conseguía llenar el escenario con su ya aclamado tema Delicate, mientras daba paso a una de sus obras maestras como es 9 Crimes levantando la voz del público con sus coros de segundo micrófono.

Así empezaba la magia a la que acabaría sometiendo a todo el público que con gran furor cantaría al unísono sus temas. Pero Delicate y 9 Crimes eran sólo el principio del espectáculo, a estos dos temas les seguiría una hora de concierto en la que nos encontraríamos con las caras más polifacéticas del artista, que solo en el escenario, iría superponiendo la guitarra electroacústica acoplado al sonido de las guitarras eléctricas y los bises pregrabados, sellos tan habituales en sus recitales.

Bajo uno de los grandes escenarios del festival, Damien Rice desgranó paulatinamente tres temas de su último disco –My favorite faded fantasy– en los que se denotaba claramente una fuerza desgarradora en su voz. Pudimos oír el desamor sobre las líneas de Greatest Bastard, así como la majestuosidad de I dont Want to Change You para dar paso al ultimátum It Takes a Lot to Know a Man donde destaparía su verdadera tabla vocal. A estos temas las precedió un clásico del compositor irlandés: la ya famosa composición I remember, que, sobre el escenario del Primavera Sound, no dejaba espacio para su antigua compañera vocal, Lisa Hannigan, con la que habría realizado esa mítica actuación años atrás.

Se sucedían los minutos a gran velocidad mientras el anochecer de la ciudad de Barcelona iba cayendo sobre las cabezas de los miles de asistentes hasta dar paso a un último tema, en el que Damien expresaría toda su potencia sonora a través de los versos de It Takes a Lot to Know a Man, elevando así un coro masivo de sintonías que se entremezclaban con voces e instrumentación pregrabados que pondrían un broche de oro al recital del cantautor. Pero la última guinda fue la improvisada batería que dispondría Damien: con solo dos sticks en mano se marchó al backstage haciendo ritmo sobre las tablas del escenario.

Fue un concierto de volumen que no dejó indiferente a nadie entre el público. La actuación de Rice acabó entre el oleaje de aplausos que se elevó sobre un mar de ojos vidriosos.

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